La mayoría de las personas empieza su día siguiendo la rutina a la que están acostumbrados, casi en piloto automático, prendiendo la tv o el radio para escuchar las noticias, o leyendo el periódico, revisando correos electrónicos a primera hora del día.  Después de un desayuno incompleto compuesto de café y pan o cereal, a empezar las responsabilidades del día, siempre tarde y a la carrera. Si así empiezas, ¿qué puedes esperar del resto de tu día?

¿Sabías que la manera en la que empiezas tu día tiene un efecto importante sobre tu estado de ánimo y tu rendimiento? Si empiezas con prisas, estrés y miedos, lo más probable es que no puedas ser muy productivo. Date cuenta si en realidad tienes control de cómo empiezan tus días, o si tu rutina te controla.

Lo primero que tienes que hacer es tomar control de tu rutina. Tienes que entender que lo primero en tus prioridades eres tú. No puedes dar lo que no llevas dentro, así que cultívate tú primero. Cambia tu rutina matutina, y mejorará tu calidad de vida.

El mejor hábito es empezar el día sin estrés y sin prisa. Si acostumbras empezar de prisa porque vas tarde, ya estás empezando mal. Comienza con levantarte más temprano, aunque sea solo media hora.

Así como debes alimentar a tu cuerpo con buena comida, alimenta tu espíritu con pensamientos positivos. Empieza todos tus días con un poco de meditación. La meditación no es algo complicado ni esotérico que solo las personas iluminadas puedan lograr. Al contrario, es una práctica tan sencilla que a veces la descalificamos sin conocer los beneficios que provoca. Lo bueno es que no necesitas nada, solo a tí mismo y un lugar tranquilo, y unos cuantos minutos.

Encuentra un lugar tranquilo y silencioso en tu casa, en donde puedas estar solo y en silencio. Busca eliminar todas las distracciones. Apaga la luz y todos los ruidos. No caigas en la tentación de poner música, debes eliminar todo para poder concentrarte en tí. No tienes que usar una posición rara ni especial, solo ponte en una posición cómoda. Trata de mantenerte despierto y concéntrate solo en tu respiración. Trata de no pensar en nada. Si te vienen pensamientos a la cabeza, ya sea de trabajo, de preocupaciones o de cualquier otra cosa negativa, interrúmpelos y vacía tu cabeza otra vez, este no es el momento de pensar en eso, ya tendrás el resto del día.  No cuentes el tiempo, solo relájate. El centro de la meditación se basa en observar y controlar la respiración. Piensa solo en tu respiración, obsérvala, y contrólala. Respira pausado y profundo. La respiración es la manera de oxigenar al cuerpo. Un cuerpo y un cerebro que se oxigenan a primera hora del día tienen un mejor rendimiento. Por eso el ejercicio matutino tiene tantos beneficios. Haz un esfuerzo por concentrarte en tu cuerpo. Empieza de abajo hacia arriba. Piensa y siente los dedos de tus pies, cuenta cada uno. Las plantas de tus pies, los empeines. Siente los tobillos, las piernas, las rodillas. Piensa activamente en tu cadera y cómo está acomodada. Cuando pienses en tu abdomen, siente tus músculos y tus órganos internos. Tu pecho, tu espalda, tus hombros, cada parte de tus brazos hasta llegar a cada uno de los dedos. Relaja tu cuello y muévelo. Siente tu boca, tu nariz, tus oídos y tus ojos, y toda tu cabeza. Ahora piensa en tí, en tu cerebro y en tu alma. Piensa en lo que tienes y da gracias. Empieza por tu cuerpo y tu salud, y por los años que ya has vivido y que otros no han tenido la suerte. Piensa en el techo que te cubre. Da gracias por todo lo que te espera hoy, tu comida, tu trabajo, tus seres queridos. Ahora piensa en lo que no tienes, y da gracias. Una vez más, empieza por tu cuerpo y tu salud. Piensa en todo lo que aún no has logrado y en el tiempo que tienes para hacerlo. Da gracias por la nueva oportunidad que tienes hoy, no se le dio a todos. Si tuvieras que pagar una cuota mensual por la salud, ¿cuánto pagarías por la tuya? Date cuenta sin pensar que ya lo tienes todo, al menos lo que necesitas, ya eres rico. Sigue controlando tu respiración. Pregúntate ¿Quién eres? ¿Para que estás aquí? ¿Qué vas a lograr hoy? No pienses en qué te preocupa, o qué tienes que hacer, piensa en que vas a lograr. Elimina los pequeños detalles, piensa solo en un gran objetivo, tu propósito, tu misión. No tienes que encontrar respuestas, solo piensa en las preguntas.

Vacía tu mente y controla tu respiración por un minuto. Pon una sonrisa en tu cara. Abre los ojos y siente a tu cuerpo lleno de energía. Ya estás listo para lograr lo que quieras, porque abriste la caja que tiene todas las herramientas, las de tu cuerpo y tu mente. Date cuenta que puedes lograr todo lo que quieres, no estarías aquí si no fuera así.

Cualquier hora del día  es buena para practicar un poco de meditación, pero hacerlo en la mañana tiene un efecto especial, porque te prepara para el resto de día. No necesitas mucho tiempo, puedes hacerlo en tan poco tiempo como quieras o tengas, a veces con 5 minutos basta, pero si puedes dedícale al menos 15. Si lo vas a hacer en la mañana, acostúmbrate a despertarte más temprano, al menos unos 20 minutos.

La meditación sí funciona, pero solo mientras la practiques. Cuando empiezas por primera vez el efecto no es tan profundo, así que no renuncies si el primer mes no sientes tanto cambio. Comprométete a hacerlo al menos unos 6 meses, a diario si te es posible. Pronto entrarás en un ritmo muy positivo y sentirás los beneficios. Los ciclistas le llaman cadencia. Imagina que estás por empezar una carrera de ciclismo. En el arranque estás listo, pero aún en estado de reposo. Cuando arranca la carrera, las primeras pedaleadas son muy pesadas, porque estás venciendo la inercia del reposo. Luego que llegas a tu velocidad de crucero el esfuerzo es menor, y ahora se convierte en un esfuerzo de largo alcance, pero prácticamente ya vas planeando. Esto es cadencia. En la meditación pasa igual, el llevar la práctica muchos días consecutivos te lleva a un estado de cadencia, y pronto todo te será más fácil.

Permite que la meditación se convierta en tu primera rutina del día. Si eres de los que dice que no le gusta vivir esclavizado por las rutinas, date cuenta que tú ya tienes una, pero que probablemente no es la mejor, así que no le tengas miedo a las rutinas, solo estás cambiando una mala por una buena. Si gustas, puedes incluso variar tu buena rutina de la meditación, cambiando la posición en la que la practicas, y cambiando tus pensamientos, lo importante es que te des un momento para tí y lo aproveches llenando tu mente y espíritu de cosas positivas.

Al terminar tu sesión de meditación, ya estarás listo para enfrentar cualquier cosa que se te presente, y mejor aún, tu eleigirás lo que quieres que se te presente. Ahora ve y trabaja en tu destino, y trata de no envenenar tu cuerpo con mala comida, ni tu mente con malas noticias.