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Acostúmbrate a hacer cosas buenas regularmente. No tienes que cambiar al mundo en un solo evento, pero puedes poner tu granito de arena cada día. No menosprecies la satisfacción que recibirás al realizar aunque sea un pequeño acto de bondad, porque la felicidad es como una cadena formada de eslabones que son esos pequeños momentos plenos que llevas dentro y guardas sin darte cuenta. Cada vez que haces una cosa buena vas forjando tu destino, hasta que sin notar cómo, de pronto eres feliz sin saber exactamente porqué. Además, por si fuera poco, lo que para tí puede ser un pequeño buen acto, a alguien más puede hasta cambiarle la vida.