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Estoy viviendo una escena muy trillada. Mi hijo mayor fue hoy a su primer día en la universidad. ¡Mi hijo es un estudiante universitario de Ingeniería! A mí no deja de sorprenderme lo rápido que se fue el tiempo.
Sí, ya sé. Los que ya pasaron por eso me dirán “Supéralo novato, yo ya tengo varios hijos graduados.” Los jovencitos pensarán “Pobre viejito, todos lloran a su edad.”

Y ambos tienen razón, porque yo que estoy en medio de los dos grupos digo lo mismo cuando los oigo hablar de las experiencias propias de su edad. Es como si oigo a alguien decir “Mi hijo se graduó del jardín de niños y entró a la primaria.” Me da risa por dentro y pienso “¡Novato!”

Podría caer en el error de decir cosas como “¿En qué momento se me fue tanto tiempo?” o “Fue en un abrir y cerrar de ojos” o “Parece que fue ayer cuando llegabas a nuestras vidas.”

Pero eso ya está muy trillado. Además no va con mi edad. Lo único razonable que me queda por decir es “¡Gracias Vida!”