La relación que tengo con mi país se parece mucho a la que tengo con mi mujer. Me explico.

Ayer, en México tuvimos elecciones para cargos públicos, entre ellos, el que se considera más importante, el de Presidente de la República. He de confesar que ninguno de los candidatos me convencía como una opción que asegurara la estabilidad, el crecimiento, y en general el beneficio para mi país y para mi familia. La caballada estaba realmente flaca, y me dispuse por votar por el que me parecía menos malo. El sistema de partidos Mexicano no pudo ofrecernos mejores opciones, y ya solo por esto merece ser revisado.

Del pobre cuarteto de candidatos, México eligió a uno. Uno que se rumora que tiene hijos fuera del matrimonio. Uno que se quedó viudo y en entrevista televisiva nacional no supo decir el nombre de la enfermedad de la que murió su esposa. Uno que asistió a la Feria Internacional del Libro y no supo decir el nombre de tres libros que haya leído. Uno que fue Gobernador del Estado más grande de México, y que tiene los más altos índices de corrupción, criminalidad y pobreza del país, y que fue así precisamente como él lo dejó. Uno que lleva 6 años en campaña política.

El candidato que eligió México es militante de un partido político que tiene fama de corrupto. Uno que gobernó a México por más de 70 años, y en este tiempo dejó muchos pobres. Descuidó las instituciones de seguridad y el sistema educativo. El partido del nuevo Presidente causó la quiebra del país cada seis años, cuatro veces consecutivas, y devaluó la moneda, al menos en mis años de vida, de $12.50 a $7,000 pesos por dolar. El penúltimo Presidente del PRI dejó al país sin reservas internacionales y una deuda impagable, y el que lo sucedió quebró al país por última vez.

Pero bueno. México castigó al partido en el poder, porque tal vez está igual. Y los otros que no ganaron están peor. Estamos obligados a castigar al malo, pero al hecerlo nos quedamos con opciones que son iguales de malas.

Hoy no me queda más que declararme un optimista vigilante y activo, y claramente de la oposición, y ponerme a trabajar en cuidarlos para que ahora sí hagan las cosas bien. Señor virtual Presidente Electo, tiene usted una oportunidad histórica. Todos estamos con usted, y lo apoyaremos, pero haga las cosas bien, no abuse y no nos defraude. Limpie la imagen que tenemos de su partido y la que tienen en el mundo de nosotros. Sea usted nuestro nuevo motivo de orgullo.

Ah, pero me desvié. Lo que quería decir es que la relación que tengo con mi país se parece mucho a la que tengo con mi mujer: México, hay veces que no te entiendo, pero cómo te quiero.